viernes, 24 de marzo de 2017

MONS. LEFEBVRE RESPONDE





MONS. LEFEBVRE RESPONDE A MONS. FELLAY, MONS. TISSIER, MONS. DE GALARRETA Y TODOS A LOS ACUERDISTAS EXPLÍCITOS O IMPLÍCITOS QUE ESTÁN LLEVANDO A CABO LA “OPERACIÓN SUICIDIO” O AUTODEMOLICIÓN DE LA FSSPX:
  


“Muchos de los que nos han abandonado para unirse a Roma (conciliar) no comprendieron justamente lo que es el liberalismo y cómo las autoridades romanas, desde el concilio Vaticano II, están infestadas de estos errores. Si lo hubieran comprendido, hubieran huido, la hubieran evitado, se hubieran quedado con nosotros. Pero ellos no quieren creer en estos errores ¡Es grave! Porque al acercarse a estas autoridades, uno se contamina forzosamente.
Estas autoridades están imbuidas (…) de los principios del liberalismo: necesariamente, ellas actúan de conformidad con su manera de pensar. Por consiguiente, cuando ellas comienzan a tener relaciones con nosotros, ellas imponen estas ideas, puesto que son las autoridades. Son las autoridades, nosotros somos los inferiores, entonces ellas nos impondrán sus ideas. Mientras ellas no se deshagan de estos errores, del liberalismo y del modernismo, no habrá medio de entenderse con ellas.”
(En una conferencia a sus seminaristas en septiembre de 1988)



“Sobre todo, si hubiera un arreglo con Roma, estaríamos invadidos por cantidades de gente: Ahora que tienen la Tradición y están reconocidos por Roma, van a venir con nosotros. Hay mucha gente que seguirá con su espíritu moderno y liberal, pero que vendrán con nosotros porque les va a gustar asistir de vez en cuando a una ceremonia tradicional y tener contacto con los tradicionalistas. Y esto será muy peligroso para nuestro medio tradicional. Si somos invadidos por toda esta gente ¿qué va a pasar con la Tradición? Poco a poco va a haber una especie de ósmosis que se producirá, una especie de consenso… Muy despacio, muy despacio, vamos a terminar por no ver la distinción entre el liberalismo y la Tradición. Es muy peligroso”. 
(Conferencia en Flavigny el 11 de junio de 1988, Fideliter n°68)



“No puedo hablar mucho del futuro, ya que el mío está detrás de mí. Pero si vivo un poco aún y suponiendo que de aquí a un determinado tiempo Roma haga un llamado, que quiera volver a vernos, reanudar el diálogo, en ese momento sería yo quien impondría las condiciones. No aceptaré más estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios. Esto se terminó. Plantearía la cuestión a nivel doctrinal: “¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que los precedieron? ¿Están de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están en plena comunión con estos papas y con sus afirmaciones? ¿Aceptan aún el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?”. Si no aceptan la doctrina de sus antecesores, es inútil hablar. Mientras no hayan aceptado reformar el Concilio considerando la doctrina de estos papas que los precedieron, no hay diálogo posible. Es inútil.”
(Entrevista concedida a la revista Fideliter Nº 66, 1988)


“No hay que sorprenderse si no llegamos a entendernos con Roma. Esto no será posible mientras que Roma no regrese a la fe en el reinado de Nuestro Señor Jesucristo… Nosotros chocamos en un punto de la fe católica”
(Conferencia en Sierre el 27 de noviembre de 1988; Fideliter n°89)


Cuando nos hacemos la pregunta de saber cuándo habrá un acuerdo con Roma, mi respuesta es simple: cuando Roma re-corone a Nuestro Señor. El día en que ellos reconozcan de nuevo a Nuestro Señor como Rey de los pueblos y de las naciones, no es a nosotros a quienes ellos se unirán, sino a la Iglesia Católica en la cual permanecemos”.
(Conferencia en Flavigny, 1° de diciembre de 1988; Fideliter n°68)


“Es preciso convencer a los fieles que se trata de una ma­niobra, que es un peligro el poner­se en las manos de los obispos conciliares y de la Roma moder­nista. Es el mayor peligro que los amenaza. Si hemos luchado du­rante veinte años para evitar los errores conciliares, no es para po­nernos ahora en las manos de quienes los profesan”.
(Reportaje publicado en la revista Fideliter N° 70, Julio 1989)


“Pero ellos nos traicionan. Dan la mano a los que demuelen la Iglesia, a los que tienen ideas modernistas y liberales y por lo tanto condenadas por la Iglesia. Por lo tanto ahora, ellos hacen el trabajo del diablo, ellos que trabajan con nosotros por el reino de Nuestro Señor y por la salvación de las almas.
“Oh, siempre que se nos acuerde la buena misa, podemos dar la mano a Roma, no hay problema” ¡Mira cómo funciona! Ellos están en un callejón sin salida porque no se puede a la vez dar la mano a los modernistas y querer conservar la Tradición. Cómo quieren que se les tenga confianza a personas como éstas, que justifican la negación de Quanta Cura, de Pascendi, de las decisiones de la Comisión Bíblica, etc…”
(Conferencia al final del retiro sacerdotal del mes de septiembre de 1990 en Ecône)


“O bien nosotros somos los herederos de la Iglesia Católica, es decir, de Quanta Cura, de Pascendi, con todos los papas hasta antes del concilio, y la gran mayoría de los obispos de entonces, por el reino de Nuestro Señor Jesucristo y la salud de las almas, o bien somos herederos de aquellos que se esfuerzan, incluso al precio de una ruptura con la Iglesia y su doctrina, de admitir los principios de los derechos del hombre, basados en una verdadera apostasía, con vista a obtener una presencia de servidores en el gobierno mundial revolucionario. Porque eso es el fondo: a fuerza de estar en pro de los derechos del hombre, de la libertad religiosa, la democracia y la igualdad de los hombres, tendrán un sitio en el gobierno mundial, pero será un sitio de servidores. (…) Nosotros estamos inmersos en esta corriente, en esta continuidad, agradezcamos al Buen Dios. Somos perseguidos, es evidente, nosotros somos los únicos excomulgados, los únicos perseguidos, pero no podemos no serlo”.  
(Conferencia al final del retiro sacerdotal del mes de septiembre de 1990, Ecône)


“El problema sigue siendo muy grave y… no hay que minimizarlo. Es lo que debemos contestar a [los que] preguntan si la crisis está por terminar, si no existiría la posibilidad de tener una autorización para nuestra liturgia, para nuestros sacramentos. Ciertamente la cuestión de la liturgia y de los sacramentos es muy importante, pero más importante todavía es la de la Fe. Para nosotros esta cuestión está resuelta, pues tenemos la Fe de siempre, la del Concilio de Trento, del Catecismo de San Pío X, de todos los concilios y de todos los Papas anteriores al Concilio Vaticano II; en una palabra, la Fe de la Iglesia.

Pero ¿y en Roma? La perseverancia y la obcecación en las ideas falsas y en los graves errores del Vaticano II siguen en pie. Está claro. No debemos hacernos ninguna ilusión. Estamos llevando a cabo un combate fortísimo. No hemos de dudar ni tener miedo.

Algunos quisieran volver a unirse a pesar de todo con Roma, con el Papa. Lo haríamos… si ellos se encontraran en la Tradición y continuaran la tarea de todos los Papas del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX. Pero ellos mismos (los Papas actuales) reconocen que han tomado un camino nuevo, que el Concilio Vaticano II ha abierto una nueva era. Es el combate de Satanás contra la Ciudad de Dios.  ¿Cómo se resolverá esto? Es el secreto de Dios, un misterio. Pero no debemos preocuparnos, debemos tener confianza en la gracia del Buen Dios.

Que nosotros tengamos que combatir contra las ideas actualmente en boga en Roma, las que el Papa expresa, es claro. Combatimos [contra ellos] porque no hacen más que repetir lo contrario de lo que los Papas han dicho y afirmado solemnemente durante un siglo y medio. Debemos elegir. Es lo que yo le decía al Papa Pablo VI. Estamos forzados a elegir entre usted y el Concilio por una parte, y sus predecesores por otra parte. ¿A quién debemos seguir? ¿A los predecesores que han afirmado la doctrina de la Iglesia o bien seguir las novedades del Concilio Vaticano II afirmadas por usted?

No debemos dudar ni un minuto. Los que nos están traicionando… dicen que hay que ser caritativos, tener buenos sentimientos, que hay que evitar las divisiones. Dan la mano a los que destruyen la Iglesia, a los que tienen ideas modernistas y liberales, aunque están condenadas por la Iglesia. Hacen el trabajo del diablo. Se encuentran en una vía sin salida porque no se puede dar la mano a los modernistas y al mismo tiempo guardar la Tradición. Fue eso lo que mató a la Cristiandad de Europa. Son los liberales los que han permitido que se instale la Revolución, precisamente porque ellos han tendido la mano a los que no tenían sus principios.

Hay que elegir. Nosotros hemos elegido ser contra-revolucionarios, [estar] en contra de los errores modernos, estar en la Verdad Católica y defenderla. Este combate entre la Iglesia y los liberales modernistas es el combate en el cual nos encontramos a raíz del Concilio Vaticano II. Cuanto más se analizan los documentos del Vaticano II y la interpretación que le dieron las autoridades de la Iglesia, más uno se da cuenta que no se trata sólo de algunos errores… sino, en realidad, de una perversión del espíritu. Es una concepción totalmente diferente de la Revelación, de la Fe y de la Filosofía, es una perversión total.

No tenemos nada que hacer con estas gentes, pues no tenemos nada en común con ellos. El combate que libramos es el de Nuestro Señor, continuado por la Iglesia. No lo podemos dudar: o estamos con la Iglesia o estamos contra Ella; no estamos con esta Iglesia conciliar que cada vez tiene menos en común con la Iglesia Católica”.
(Conferencia dada por Mons. Lefebvre en 1990, cit.acá)




“El Papa es más ecumenista que nunca. Todas las ideas falsas del Con­cilio se siguen desarrollando y reafir­mando cada vez con mayor claridad. Se ocultan cada vez menos. Es inconcebible en todo punto que podamos aceptar co­laborar con semejante jerarquía».
“Los problemas con Roma no son en absoluto de nuestro agrado. El tener que discutir no ha sido por gusto. Lo hemos hecho por razón de principio, para guardar la fe católica. [Algunos] esta­ban de acuerdo con nosotros y colaboraban. Mas de pronto han abandonado el verdadero combate para aliarse con los que están destruyendo la Iglesia, so pretexto que se les concedían privilegios
Es inadmisible. De facto han abandonado el combate de la fe, y ya no pueden enfrentarse a Roma”.
(Fideliter nº 79, enero 1991)


P: Pero hay Tradicionalistas que han hecho un acuerdo con Roma sin conceder nada.

R: Eso es falso. Ellos han renunciado a su posibilidad de oponerse a Roma. Ellos deben permanecer silenciosos debido a los favores que se les han otorgado. Entonces, ellos comienzan a deslizarse siempre tan lentamente hasta que terminan admitiendo los errores del Vaticano II. Es una situación muy peligrosa. Tales concesiones de Roma tienen como único objetivo conseguir que los Tradicionalistas rompan con la FSPX y se sometan a Roma.
(Fideliter N°79, enero 1991, poco antes de su muerte en marzo de 1991)


"Todo sacerdote que quiere permanecer católico tiene el estricto deber de separarse de esta iglesia conciliar."
(De su libro "Itinerario Espiritual")


MONS. TISSIER CONTRA MONS. TISSIER





A mediados de 2008, Mons. Tissier de Mallerais todavía parecía comportarse como fiel heredero de Mons. Lefebvre, afirmando claramente la verdad respecto de la Roma ocupada por los enemigos de Cristo. No hesitaba en hacer afirmaciones muy duras, que hoy escandalizarían a su superior en la Neo-Fraternidad y a él mismo, decidido a obedecer la traidora política de ralliement que llevan adelante exitosamente Mons. Fellay y Francisco.

Reproducimos debajo un fragmento significativo de la entrevista concedida a la revista The Angelus, julio-agosto 2008, publicada asimismo en Le Sel de la terre N° 66, otoño 2008.

  
Mons. Tissier de Mallerais:
“Rehusar toda “reconciliación” con la Roma ocupada”




The Angelus: Numerosos católicos, que han combatido al lado de Mons. Lefebvre, tienen tendencia, al presente, a acordar con una Roma aparentemente más conservadora, uniéndose a organizaciones que tienen un “status más regular” en el seno de la Iglesa.

Mons. Tissier: Sí, muchas pérdidas, debido a una falta de principios, de infidelidades al combate de la Fraternidad, de la búsqueda de compromisos, de una aspiración a la paz, de un deseo de victoria antes del tiempo fijado por Dios.
Esas pobres gentes, sean ellos sacerdotes, religiosos o laicos, son liberales y pragmáticos seducidos por las sonrisas de los hombres del Vaticano, quiero decir, de prelados de la curia romana. Son gentes fatigadas por el largo, largo combate de la fe: “¡Cuarenta años, es suficiente!” Mas ese combate durará puede ser aún treinta años: en consecuencia, no bajen las armas, no busquen una “reconciliación”, ¡continúen el combate!


Mons. Tisier decía que hay que “rehusar toda reconciliación con la Roma ocupada”. Reconciliación significa restablecer la concordia entre dos o más partes. Esto es: dejar de combatirse y enfrentarse mutuamente, para volver a un estado de concordia preexistente. Rehusar significa rechazar. Toda, quiere decir cualquier tipo de reconciliación, ya sea bilateral o unilateral, con prelatura o sin prelatura, en los términos que fuere. Y esto debido a que Roma estaba ocupada. ¿Ocupada por quién? Por sus enemigos, por la Contra-Iglesia. Estamos hablando del año 2008, cuando según el entrevistador parecía haber en Roma aires más “conservadores” con Benedicto XVI. Sin embargo, Mons. Tissier no se engañaba, sabiendo bien los perniciosísimos errores que constituían lo que él llamaba “la extraña teología de Benedicto XVI”, llegando a escribir un libro al respecto. Hoy, año 2017, ¿Roma continúa ocupada, sí o no? No deja de verse claramente que Roma está ocupada por los liberales y modernistas de la Contra-Iglesia y que estos ocupantes son aún más poderosos que los ocupantes anteriores, pues se animan a hacer cosas tan escandalosas como los anteriores no se atrevieron. Que haya algunas protestas, no significa que Roma sea débil, ya que quienes reaccionan lo hacen siendo liberales, reivindicando al concilio, festejando a “san Juan Pablo II” y teniendo como referencia de su “ortodoxia” a Benedicto XVI. Por el contrario, quien es débil es la FSSPX, que se ha visto obligada a negociar una “reconciliación” cuando antes afirmaba claramente que había que “rehusar toda reconciliación con la Roma ocupada”. Hoy Mons. Fellay y quienes lo siguen ya no hablan de una “Roma ocupada” y de hecho mencionan a los modernistas más encumbrados (Francisco, Card. Muller) para decir que tienen apoyo para arreglar lo que está mal en Roma. ¿Quién ha cambiado verdaderamente su posición y su discurso?

En caso de que Mons. Tissier siga pensando lo mismo que ayer, ¿por qué no se opone con firmeza a la política de ralliement llevada a cabo por Mons. Fellay, como en su momento hizo Mons. Williamson? ¿Quizás porque teme las consecuencias personales que podrían acarrearle (ser expulsado de la congregación)? Dios sabrá lo que pasa por dentro de Mons. Tisier. Nosotros lo único que hacemos es constatar una incoherencia y una traición a su propio pensamiento, con las consecuencias desastrosas que ya se están viendo y están por expandirse de llegar el ansiado acuerdo por el que desde hace tantos años trabajan los liberales. De ser así, las palabras se las habrá llevado el viento. Quizás cuando no se reacciona en el momento en que se debe reaccionar, cuando -esgrimiendo los motivos puramente humanos que fueren- no se aprovecha la gracia que Dios nos da para actuar en el momento preciso en que debemos, en defensa de la fe, entonces luego Dios ya no dé las gracias necesarias para tener la fortaleza que se necesita para inmolarse por la verdad, llevando a la práctica aquello que se pregonó con las palabras. Mons. Tissier defendió ante los sacerdotes de la Faternidad la ambigua y traidora declaración doctrinal de Mons. Fellay de abril de 2012, con el argumento de que de ese modo se había evitado sufrir una nueva excomunión. ¿Es que después de eso podía esperarse una reacción combativa, tanto en este obispo como en los sacerdotes, que silenciosos recibieron tal fundamentación? ¿Es que acaso olvidaron que su fundador murió bajo la “excomunión” de los romanos, por defender hasta último momento de su vida la fe que había recibido?

Pero no vayamos más allá y mencionemos unas palabras de Mons. Williamson que podemos tener en cuenta para el presente caso. Las dijo en ocasión de la caída de los sacerdotes de Campos, Brasil:

“¡Los pobres sacerdotes de Campos! Han abandonado la salud de su inteligencia para reingresar en la Iglesia oficial y no estar más en el frío (la marginalización), a partir de ahora ellos van casi ciertamente a seguir todo lo que dicen los romanos, más bien que a retornar al frío de la “excomunión”, del “cisma”, etc. Como la Fraternidad San Pedro, ellos han pagado muy caro (al precio de la salud y la integridad de su inteligencia) su aceptación por Roma, lo pagarán para seguir no importa qué por no perderla. Roma lo sabe bien, y lo explotará a fondo, pero “poco a poco”, como dice el teólogo del Papa.

Increíble. Pero, no arrojemos la piedra. La confusión hoy es universal, y ella viene de lo alto –“Golpearé al pastor y se dispersarán las ovejas” (Za. 13,7; Mat. 26,31). En una guerra, las balas silban, camaradas caen. Pasamos medio minuto en secar una herida o una lágrima con un pañuelo, y la guerra continúa. Más que en arrojar la piedra, pensemos en nosotros mismos. Los sacerdotes de Campos que caen hoy en la locura y la traición de Roma, TUVIERON NO OBSTANTE LA VERDADERA MISA, EL BREVIARIO Y LAS ORACIONES TRADICIONALES DURANTE LOS ÚLTIMOS VEINTE AÑOS, y ellos han caído. Entonces, ¿quién está al abrigo?

Yo podría decir que los sacerdotes de Campos han caído porque Mons. de Castro Mayer los ha conducido por un pasaje demasiado fácil del período de antes del Concilio a este que ha seguido, de manera que su caso es un caso tardío de cincuentismo. Pero, como nosotros hemos dicho más arriba, ellos han estado prevenidos contra el temblor de tierra antes del Concilio, y después han debido reconstruir todo a partir de cero. Eso no fue bastante para vacunarlos contra el espíritu modernista, aparentemente no. Verdaderamente, si estos días no son acortados por una intervención de Dios, corremos todos el riesgo de perder la salud de nuestra inteligencia. Kyrie Eleison. Mas “Cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se acerca” (Luc. 21,28).

Queridos fieles, sin que nosotros lo hayamos buscado, Dios nos ha impuesto la grandeza de no caer en medio de la locura que nos rodea. Por el amor de Nuestro Señor y de su Madre dolorosa, no depongamos esa carga. “Aquel que perseverare hasta el fin, ese será salvo” (Mt. 10,22)
(Carta a los amigos del Seminario de Winona, en “Campos ha caído”, Le Sel de la terre N° 40, 2002) 

Aparentemente, tanto Mons.Tissier como Mons. Williamson, dicen cosas parecidas, repitiendo ciertas palabras: “Esas pobres gentes”, “Los pobres sacerdotes de Campos”. Pero no es así. Mons. Williamson advierte, como lo viene haciendo desde hace años, aquello que enseñaba San Pablo: “Quien esté de pie, que mire de no caer”. Jamás se refirió a la Fraternidad como si poseyera una carta de inmunidad, y es por eso que ha alertado siempre, conociendo la naturaleza humana y los peligros del liberalismo. Es parte de la humildad reconocer aquello que dice el Kempis: “Todos somos frágiles, pero tú considérate el más frágil de todos” (L. I C. 2). Decía San Francisco de Sales en una carta:

Tú sabes, hija mía, que muchas veces sucede que, cuando pensábamos que estábamos completamente libres de nuestros viejos enemigos, sobre los que habíamos obtenido la victoria, los vemos aparecer por otro lado que no esperábamos. Ahí tienes al gran sabio Salomón, que tantas maravillas había hecho en su juventud, creyéndose con mucha virtud y confiando en los años pasados; cuando parecía estar libre de ataques, fue sorprendido por el enemigo que, según parecía, menos tenía que temer.

Es para que aprendamos dos lecciones muy importantes. Una, que siempre debemos desconfiar de nosotros mismos, con santo temor, y debemos continuamente suplicar la ayuda del cielo y vivir con humilde entrega. Otra, que nuestros enemigos pueden ser rechazados, pero no estar muertos. A veces, nos dejan en paz para atacarnos con más fiereza” (Cit. en El arte de aprovechar nuestras faltas, P. Joseph Tissot).

Es deber del obispo y del sacerdote advertir del peligro. Por eso Mons. Williamson llamaba a no arrojar la piedra y en cambio vigilar sobre sí mismo. Es seguramente esta actitud la que lo ha mantenido al margen de la vorágine que hoy arrastra a los otros obispos de la Fraternidad hacia su inserción en la iglesia concilar. Uno cree ver en las palabras tan duras de Mons. Tissier un tono desdeñoso hacia los que han caído, el mismo que se podía advertir cuando siempre se aseguraba desde las filas de la Fraternidad que ésta no podría caer ante Roma, pues estaba exenta ya que “no era como las otras congregaciones”. Por eso hoy no podemos sino, hecha la debida constatación, repetirle a Mons. Tissier sus propias palabras: No bajen las armas, no busquen una “reconciliación”, ¡continúen el combate!


Puede leerse más acerca de esta caída del obispo Tissier de Mallerais en los siguientes artículos:





“BERGOGLISMO”







Un imperdible artículo de Nicodemo Grabber apareció en Corrispondenza romana. Traduzco -y espero hacerlo bien- el último y sustancioso párrafo final:
“El “bergoglismo” representa la completa asunción del principio de inmanencia en la Iglesia, en el Catolicismo. Principio de inmanencia que es el alma de la filosofía moderna y que termina en la negación radical de la filosofía como saber metafísico. Praxismo y hermenéutica son la más radical expresión del principio de inmanencia, y son su realización, que sobrepasa la modernidad “metafísica” en la posmodernidad. El “bergoglismo” es totalmente posmoderno como posmodernidad realizada, es posmodernismo como modernismo vivido, independientemente de toda referencia doctrinal.

El más grande estudioso del principio de inmanencia ha sido hasta ahora el padre Cornelio Fabro, que lo ha reconocido como la esencia de la modernidad filosófica. En muchos estudios, especialmente en su monumental “Introducción al ateísmo moderno” -y al cual remitimos- ha demostrado que el principio de inmanencia es el alma de ese ateísmo absoluto que es el ateísmo moderno. El ateísmo moderno no es únicamente la afirmación de la inexistencia de Dios, y por lo tanto, una forma todavía ingenua de ateísmo como creencia en la no existencia de Dios.  El ateísmo moderno consiste en la imposibilidad de pensar en Dios como Dios, en la extinción de la misma noción de Dios. El mismo padre Fabro advierte cómo el ateísmo radical del principio de inmanencia puede darse en autores que subjetivamente creen en Dios, en autores subjetivamente teístas, aunque objetivamente sean ateos. El ateísmo de la moderna filosofía de la inmanencia puede combinarse con una creencia teísta subjetiva, simplemente, porque una vez adoptado el principio de inmanencia, el objeto de la creencia señalada con el nombre de Dios no será Dios. El Dios de los modernistas es simplemente inalcanzable en la jaula de la inmanencia en la cual el hombre se ha autoencarcelado.

El pastoralismo y la meta – teología hermenéutica entendidos como expresión del principio de inmanencia parecen las piedras angulares de esa concepción y de esa praxis que hemos definido como “bergoglismo”.

Queda por saber en qué medida el papa Francisco es consciente de su “bergoglismo”.




MONS. FELLAY, CADA VEZ MÁS LIBERAL



LEER ACÁ

BLASFEMIAS Y PROFANACIONES, REALIZADAS, CONSENTIDAS, TOLERADAS O INDUCIDAS POR LA IGLESIA CONCILIAR DE LOS ANTICRISTOS


PROFANAN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO CON UNA CEREMONIA ANGLICANA, COMO PARTE DE LOS FESTEJOS POR EL CUARTO ANIVERSARIO DEL ABOMINABLE PONTIFICADO DE FRANCISCO


Se consumó escandalosa ceremonia anglicana en el Vaticano.




Supliquemos a Dios que su Iglesia sea prontamente liberada del nefando pontificado de Francisco.


BLASFEMIA SIN LÍMITES EN ARGENTINA






En la de por sí aberrante marcha feminista, un grupo de activistas realizó una parodia en donde la Virgen abortaba a Cristo en la ciudad de Tucumán en Argentina. La "actriz" sería nada menos que una empleada o ex-empleada de la Dirección de la Niñez y la Adolescencia en Tucumán, Marina Verónica BRESLIN, alias Pepena; y para completar o entender mejor la situación, la pervertida es de origen judío. La misma después de la espantosa blasfemia, bajó su cuenta de Facebook pero se olvida que nadie resiste a un archivo, y las capturas de pantallas están disponibles para todos.




lunes, 20 de marzo de 2017

LA DOCTRINA Y LA ACCIÓN





En los años ’60, el concilio Vaticano II logró imponer, sin grandes dificultades, toda una enseñanza doctrinal contraria a la doctrina tradicional de la Iglesia. Todos aquellos errores que habían sido condenados por el Magisterio de los Papas anteriores, aparecieron de pronto rehabilitados, divulgados, aceptados y practicados, aunque aparentemente sin ninguna ruptura, mediante documentos deliberadamente ambiguos, pero no tanto como para que no se pudiera entender aquellos errores que se querían imponer. Uno se pregunta ¿cómo pudo ocurrir tal cosa? ¿Cómo los católicos pudieron aceptar que de un dia para otro la Iglesia comenzara a enseñar lo opuesto que hasta entonces había enseñado? La respuesta está en la ignorancia religiosa de la mayoría de los católicos de entonces, y en la cobardía de los jerarcas de la Iglesia que no fueron partícipes directos de la subversión conciliar.

Se ve claramente que los católicos de aquel tiempo no conocían los documentos del Magisterio, y quizás ni siquiera bien su Catecismo. Las magníficas enseñanzas de las encíclicas contra los errores modernos  de todos los últimos Papas, habían sido pasadas por alto, encubiertas, desdeñadas, dando lugar a una obediencia ciega, obsecuente, cómoda, hacia la figura del Papa. El rendir culto al “dulce Cristo en la tierra” servía de coartada para evitar los deberes propios del cristiano, en particular la formación acerca de las verdades reveladas y en la recepción de las enseñanzas magisteriales, verificando si las mismas se correspondían o no con la enseñanza de la Tradición (cfr. advertencia de S. Pablo). Una despreocupación por la verdad, estimulada por la nueva era de confort traída por las repúblicas democráticas, más un sentimiento de orgullo ante lo que parecía –americanismo de por medio- un triunfo de la Iglesia en el mundo (el “cincuentismo”), crearon el ambiente propicio para que los católicos, habiendo bajado la guardia, se tragaran toda la revolución conciliar, sin casi advertirla y menos resistirla. El trabajo combinado de las logias y los medios de comunicación, más el propio desinterés de los católicos por la verdad, rindieron sus frutos a la Contra-Iglesia. La batalla doctrinal modernista fue casi enteramente ganada, excepto por un perqueño grupo encabezado por un arzobispo, Mons. Marcel Lefebvre, que amaba y conocía la verdad y tuvo la gracia de resistir. Entonces la Tradición fue salvada.  

Cuarenta años más tarde, la Contra-Iglesia ya no podía tolerar más que este grupo recalcitrante, mucho mayor en número, en obras, en repercusión, continuase su tenaz oposición a la revolución conciliar. La iglesia conciliar había intentado todas las maniobras, todas las argucias, para intentar doblegar a la congregación del intransigente Arzobispo. Todas fracasaron. ¿Por qué? Porque en medio de estas estratagemas, estaba siempre presente el tema doctrinal. Y, a diferencia de lo que pasó en los años ’60, los “lefebvristas” tenían muy en claro el problema doctrinal de la Roma modernista. Por ese lado, no sería posible capturar la tan ansiada presa. Es así que un astuto político devenido Papa, recibió la encomienda de lograr sacar al fin al pez –que había mordido hacía tiempo el anzuelo- del agua, para llevarlo a una pecera de Roma.

La maniobra, entonces, no apuntó a la doctrina, sino a la acción. Demasiado atentos a la doctrina, la subversión de los agentes liberales de adentro se centró en la forma de actuar hacia Roma, que varió y se opuso a la forma de actuar anterior. La doctrina fue dejada a un lado, para centrar el foco en la manera de actuar de la congregación. Nadie cuestionaría en Roma su defensa de la doctrina, sino su modo “restrictivo”, casi “sectario” de defenderla. Había que compartir esa doctrina con los otros, y para eso, volver a Roma, pues sino se corría el riesgo de volverse “cismáticos”. “Es cismático no el que no obedece sino el que no convive. Por eso estaría más en la Verdad el ecuménico rabino que el aislado Mons. Lefebvre” (P. Calderón, “La lámpara bajo el celemín”, p. 127). Pero, ¿cómo los miembros de la congregación no veían esta maniobra astuta de los enemigos romanos para intentar capturarlos? Simple: ellos no olvidaron la doctrina, pero olvidaron la forma de actuar de su fundador. Mediante el lenguaje ambiguo o el doble lenguaje, en cada acción hacia Roma siempre pareció quedar indemne el tema doctrinal. Entonces no pareció que se corriera riesgo al continuar los diálogos, las negociaciones, las tratativas, los encuentros cordiales, con los liberales de Roma. Así como los católicos cincuentistas cerraban los ojos ante todo lo que venía desde el Papa, así estos “lefebvristas” cerraban los ojos ante todo lo que venía de su Superior general. Como ya se creían en posesión de la verdad, y esta la tenían bien guardada en sus depósitos, no podían perderla, no debían temer el riesgo de dejar de tenerla, no necesitaban revisar sus vasijas de barro, para ver si conservaban todo el contenido o no. Se creyeron seguros, debido a que tenían la buena doctrina. Y olvidaron que los enemigos no solo pueden estar enfrente, sino que la maniobra más exitosa del enemigo es infiltrarse dentro de las propias filas. Más aún, en los más altos puestos de las propias filas.

Lo que hacía falta en la tormenta que amenaza hundir la barca de Pedro, no era justamente un concilio (Vaticano II), sino que la mano firme del Papa mantuviera el timón en la dirección de los principios de siempre, pues parece cierto que el nuestro no es tiempo de especulación sino de acción”. Esta cita del P. Calderón (de su libro “La lámpara bajo el celemín”, las negritas son nuestras) nos lleva a decir (cosa que no dice o no ve el propio P. Calderón) que lo que hacía falta en la tormenta que amenazaba a la Tradición (y a la FSSPX) no eran justamente diálogos y negociaciones con Roma, sino que el Superior general mantuviera el timón en la dirección de los principios de siempre, enseñados por Mons. Lefebvre, que pueden resumirse en esta frase: "Todo sacerdote que quiere permanecer católico tiene el estricto deber de separarse de esta iglesia conciliar." Pero Mons. Fellay es un diplomático, Mons. de Galarreta un político, y Mons. Tisier un teórico, ninguno de los cuales estaba preparado para la acción de combate en esta guerra entre la Iglesia y la Contra-Iglesia. El único obispo de acción contrarrevolucionaria fue Mons. Williamson, alguien que comprendió mejor que los otros a Mons. Lefebvre, el cual entendió perfectamente que la doctrina no se sostiene por sí sola, sino por aquellos hombres que combaten por ella. Hoy, asociados al obispo inglés, tenemos a otros dos obispos intachables, fieles hijos de Mons. Lefebvre: Mons. Faure y Mons. Dom Tomás de Aquino OSB. Y próximamente a un cuarto, P. Zendejas. Los obispos, como afirma San Pío X,  deben preservar las almas de los errores y las seducciones que por todas partes les salen al paso, deben instruirlas, prevenirlas, animarlas y consolarlas (cfr. “Vehementer nos”). Les pedimos que sigan por este camino, con mano firme en el timón. Y para eso procuramos ayudarlos filialmente, desde estas páginas o desde la trinchera donde Dios nos quiera usar.

¿Qué maniobra utilizará el enemigo para intentar hacer sucumbir a esta pequeña Resistencia? Por lo pronto, contra esos dos errores fatales que siempre mencionara Mons. Lefebvre, el ralliement liberal con Roma, y el farisaico sedevacantismo, desde la SAJM se han tomado las medidas necesarias –desde sus propios estatutos- para ponerse en guardia contra ellos. Pero, como los hombres son débiles y el diablo no descansa, habrá que estar siempre con la guardia en alto, los ojos abiertos, y de rodillas implorando, a la espera del triunfo de María, de su Corazon Inmaculado.


Juan Infante



COMENTARIOS ELEISON - ¿VIDA CATÓLICA?





Número DV (505)
18 de marzo de 2017

¿Vida Católica?

 

Mons. Williamson

 

 

 

 

Cuando Dios lo ordena, las más fuertes tormentas se calman.
A quien Dios protege, los peores hombres no dañan.

Otro joven me escribe sobre el problema de vivir como un católico en el mundo de hoy que nos rodea. Pero, ¿qué católico puede no tener un problema en el mundo de hoy? Sus preguntas sobre el mundo y la Iglesia están en bastardillas. Algún consejo del autor de estos “Comentarios” les sigue:

Es más y más difícil para mí vivir una vida acorde con la Fe Católica. En cuanto al mundo, tan pronto como yo me gane la vida, ¿debería pensar en mudarme a otro país, por ejemplo Francia, a fin de buscar allí los medios para fundar una familia Cristiana (por ejemplo esposa, sacerdotes Católicos acordes con la defensa de la Tradición, etc.)? En cuanto a la Misa, la Misa Tradicional más cercana a mi ciudad está en B., donde hay una capilla de la Neo-Fraternidad y otra capilla que depende de la Neo-Iglesia. ¿Qué me recomendaría Su Excelencia hacer? No conozco ningún sacerdote de la Resistencia en mi país, ni siquiera muchos católicos verdaderos – así me parece.

En cuanto al mundo, yo no le recomendaría mudarse a cualquier otro país. Hay muchas probabilidades que usted se encontrará allí con los mismos problemas, y usted habrá cortado sus raíces nativas en su propio país. Usted puede pensar que esas raíces en una ciudad moderna no valen mucho pero son mejor que nada. “Más vale pájaro en mano que cien volando”. Usted se arriesga a saltar “de la sartén al fuego”, en lugar de saltar de la sartén a la mesa de la cocina. La Providencia lo ha puesto en la ciudad donde tiene ahora su familia y sus amigos. Las soluciones hoy son más bien internas que externas, sobre todo cuando la Guerra Mundial puede empezar en poco tiempo (¡Todo el Sistema de Estados Unidos está contra Trump, y quiere guerra!)

De manera similar respecto a la asistencia a Misa. La “otra capilla” que usted menciona fue una vez mejor de lo que es ahora. Igualmente la FSSPX, como usted sabe. La apostasía hoy está en todas partes. Yo me guardaría de soluciones geográficas. Usted podría unirse un día al sacerdote que parece lo mejor y un poco más tarde él también se vuelve loco. Eso ha pasado demasiado a menudo en la Iglesia de hoy. La solución tiene que ser interna más que externa.

En cuanto a la solución interna, dado que usted lee los ‘Comentarios Eleison’, usted sabe entonces cuán frecuente y repetidamente recomiendo rezar los 15 Misterios completos del Rosario diariamente. Buenos libros (y buena música) pueden también ayudar considerablemente a alimentar y proteger la mente y el corazón. Lea lo que realmente le interesa y no solamente libros imprescindibles porque usted no obtendrá de ellos tanto como de aquellos. Dios Todopoderoso ha visto desde la eternidad en qué desastre el mundo moderno se metería. Él también ha visto desde la eternidad que hoy habría almas que quieren ir al Cielo. ¿Es imaginable que incluso en las grandes ciudades infernales de hoy, Él dejaría a estas almas sin recursos, si ellas quieren mantenerse en la senda para ir al Cielo?

Sin embargo, Él previó que todo lo externo caería bajo el control de Sus enemigos: llamadas telefónicas, correos electrónicos, drones, universidades, política, ley, medicina, etc., etc. Por eso pienso que lo que Él quiere decir al permitir tal poder a Sus enemigos, es conducirnos de vuelta a Él y a una verdadera práctica interior de Su santa religión a pesar de lo peor que los Papas y sacerdotes puedan hacer. Por lo tanto, en mi opinión, conténtese con asistir a la menos contaminada de las Misas Tridentinas que haya cerca de usted a menos que sea demasiado mala, vaya regularmente a Confesión con cualquier sacerdote que todavía esté dispuesto a escuchar Confesiones y que no le diga que un pecado no es un pecado, y encuentre la manera de rezar durante su día todos los 15 Misterios del Rosario. Y luego “tenga su alma en paciencia” y silenciosamente ruéguele a Dios que le muestre el camino al Cielo y que intervenga aquí abajo antes de que todo esté perdido. A pesar de todas las apariencias, Él todavía está en perfecto control.

Kyrie eleison.



¿RECONCILIACIÓN CON ROMA?





Periodista: ¿Cree usted posible una reconciliación con Roma?

Mons. de Castro Mayer: No existe oposición entre nosotros y la Roma de los Apóstoles, la Roma católica regada por la sangre de los mártires. Es suficiente que las autoridades de la Iglesia se reconcilien con la Tradición infalible de Roma, que ellos condenen las desviaciones del concilio Vaticano II y las locuras de ese maligno “espíritu del Concilio” y la reconciliación será automática, ipso facto”.


Entrevista a un diario brasileño, 29 de septiembre de 1989. Le Sel de la terre N° 37, verano 2001.